La pregunta es recurrente, y son muchas las veces que la he
escuchado recientemente. Que en las ciudades la bicicleta ocupa un lugar muy
secundario no es nada nuevo, basta con dar una vuelta por Valladolid para darte
cuenta de ello. Además, en el último año, con el reciente auge de la bicicleta,
son muchas las polémicas en los que la bicicleta se ve involucrada dentro de
las ciudades, propuestas de casco obligatorio, de matriculación, incluso de
obligación de tener seguro, además de muchas peticiones de restricción
normativa para los ciclistas dentro de la ciudad. Sin embargo, ¿es esto
producto de una supuesta “mano negra” que desea acabar con este auge o un
simple proceso de adaptación, como pasó en su día con la moto, ante el gran
aumento de usuarios? Quizás la respuesta no sea ninguna de las dos.
Por ejemplo, analicemos la polémica más sonada, la propuesta
de casco obligatorio en zona urbana. Si vemos la propuesta, viene validada
fundamentalmente por aseguradoras de coches y asociaciones de conductores,
mientras que el mundo ciclista es unánime en su contra. El hecho de que la
propuesta haya llegado al Congreso, parece una razón de peso para hablar de esa
supuesta “mano negra”, pues es bastante evidente que el resultado desembocaría
en un descenso del número de ciclistas en las ciudades, o al menos un freno
radical en la tendencia actual. Sin embargo, cuando salgo y veo la disposición
de la ciudad, cada calle, cada cruce, cada barrio, podría hablar de una mano
negra sobre la bicicleta, pero también podría hablar de mano negra sobre los
parques, las fuentes, las actividades culturales públicas, los peatones, los
niños… y sobre todas las enormes carencias de nuestras ciudades, a excepción,
como no podía ser de otra manera, del coche. Es el precio de vivir en un
sistema donde el dinero manda. La bicicleta no llena los bolsillos de las petroleras,
de los ayuntamientos, de las constructoras, de las concesionarias, de los bancos
ni de los seguros, el coche, sí, y mucho además. Esto lleva a tener las
ciudades que tenemos, donde las necesidades humanas han sido entregadas al
devenir de la movilidad sobre cuatro ruedas.
Es por todo esto que considero que es erróneo hablar de “mano
negra” sobre la bicicleta, pues cualquier otro colectivo podría responder
usando los mismos argumentos. Cada vez me queda más claro que la problemática
ciclista en las ciudades no es nada particular, no somos el centro de nada,
nadie nos tiene manía, ni se legisla en nuestra contra, simplemente, no somos
coches, y por tanto, no estamos bajo esa MANO BLANCA.

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