jueves, 13 de marzo de 2014

¿HAY UNA MANO NEGRA SOBRE LA BICICLETA EN LAS CIUDADES?


La pregunta es recurrente, y son muchas las veces que la he escuchado recientemente. Que en las ciudades la bicicleta ocupa un lugar muy secundario no es nada nuevo, basta con dar una vuelta por Valladolid para darte cuenta de ello. Además, en el último año, con el reciente auge de la bicicleta, son muchas las polémicas en los que la bicicleta se ve involucrada dentro de las ciudades, propuestas de casco obligatorio, de matriculación, incluso de obligación de tener seguro, además de muchas peticiones de restricción normativa para los ciclistas dentro de la ciudad. Sin embargo, ¿es esto producto de una supuesta “mano negra” que desea acabar con este auge o un simple proceso de adaptación, como pasó en su día con la moto, ante el gran aumento de usuarios? Quizás la respuesta no sea ninguna de las dos. 


Por ejemplo, analicemos la polémica más sonada, la propuesta de casco obligatorio en zona urbana. Si vemos la propuesta, viene validada fundamentalmente por aseguradoras de coches y asociaciones de conductores, mientras que el mundo ciclista es unánime en su contra. El hecho de que la propuesta haya llegado al Congreso, parece una razón de peso para hablar de esa supuesta “mano negra”, pues es bastante evidente que el resultado desembocaría en un descenso del número de ciclistas en las ciudades, o al menos un freno radical en la tendencia actual. Sin embargo, cuando salgo y veo la disposición de la ciudad, cada calle, cada cruce, cada barrio, podría hablar de una mano negra sobre la bicicleta, pero también podría hablar de mano negra sobre los parques, las fuentes, las actividades culturales públicas, los peatones, los niños… y sobre todas las enormes carencias de nuestras ciudades, a excepción, como no podía ser de otra manera, del coche. Es el precio de vivir en un sistema donde el dinero manda. La bicicleta no llena los bolsillos de las petroleras, de los ayuntamientos, de las constructoras, de las concesionarias, de los bancos ni de los seguros, el coche, sí, y mucho además. Esto lleva a tener las ciudades que tenemos, donde las necesidades humanas han sido entregadas al devenir de la movilidad sobre cuatro ruedas.

Es por todo esto que considero que es erróneo hablar de “mano negra” sobre la bicicleta, pues cualquier otro colectivo podría responder usando los mismos argumentos. Cada vez me queda más claro que la problemática ciclista en las ciudades no es nada particular, no somos el centro de nada, nadie nos tiene manía, ni se legisla en nuestra contra, simplemente, no somos coches, y por tanto, no estamos bajo esa MANO BLANCA.


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