Con el reciente (y ya no tan reciente) auge de la bicicleta en nuestras ciudades (en el caso de Valladolid, aún en sus inicios), estaba tardando mucho la sociedad en generar un rechazo indiscriminado al orden establecido, en este caso, el establecido en el tráfico y en la forma de moverse de los ciudadanos.
Los problemas de las ciudades españolas son muy numerosos,
pero es curioso como destacan unos por encima de otros en función de los
intereses que haya detrás. En el caso de la movilidad ciclista, este fenómeno
está alcanzando su máxima expresión.
El otro día leía un artículo del Correo de Burgos, que
Merche Martínez titulaba “Bicis sí, pero…”, toda una declaración de intenciones
desde el principio, en el que no daba crédito al leer perlas como estas en lo
que se supone un medio serio:
- (Referido a los carriles bici) <<Espacio que, dicho sea de paso, en esta ciudad es una parte robada a la propia acera, en gran parte de los más de 50 kilómetros de su trazado que recorren la ciudad...>>
- <<Así que menos exigencias, señores ciclistas>>
- <<El problema está en creerse que la ciudad es sólo de algunos...>>
La obtusidad es un derecho fundamental, pero cuando te pagan
por hablar (o en este caso escribir), debe dejarse a un lado. Hablar de que las
bicicletas a través de los carriles bici han robado espacio de los peatones, en
ciudades donde el 70% del espacio público se dedica al coche, es tratar a tus
lectores como auténticos gilipollas. Los carriles bici no están ahí por gusto
de los ciclistas, sino para no tener que tocar un solo milímetro del sagrado
espacio del coche, porque si se toca, pasa lo que pasa, que en Burgos últimamente
sabéis mucho de eso.
Pero por desgracia la problemática no queda solo en los
carriles bici. Las protestas por la circulación de bicicletas en la acera son
cada vez mayores, hasta el punto de tener que leer que ahora los peatones no
pueden salir tranquilos a la calle, dando a entender que antes sí podían,
curioso. La manipulación que se está llevando a cabo en los medios de
comunicación ante este hecho maximiza si cabe la labor teológica de la
industria automovilística en este país, en periódicos que tachan de violencia y
temeridad a los ciclistas en los incidentes con peatones, pero que hablan de “accidentes”
en coches con exceso de velocidad y alcohol de por medio, es la muestra de que
estorbamos, y cada vez más, en los propósitos de muchos. Sirva como ejemplo el
lamentable reportaje emitido por el programa “Entre Todos” ( http://www.rtve.es/alacarta/videos/entre-todos/vecinos-aviles-reclaman-ciclistas-circulen-aceras/2426080/ ), donde solo echo en
falta alguna comparación entre los ciclistas y Al-Qaeda.
La respuesta es sencilla: LA ACERA, DE LOS PEATONES. SIN MÁS.
Dicho esto, las bicis en las aceras, en general, son un problema puntual, si
bien es cierto que hay que cortarlo a tiempo para
que no crezca, pero es puntual. Lo que no es puntual es la realidad de las
ciudades, la realidad de calles de 12 metros con 10 de calzada y 2 de acera, la
realidad de un 90% de calles abiertas al tráfico, la realidad de un 20% del
espacio urbano destinado a aparcamientos en superficie, la realidad de un
tráfico VIOLENTO dentro de las ciudades, donde impera el estrés y las ganas de
correr, y hacer tanto énfasis en esta problemática nos distrae de lo que sí es
un problema real, asentado y reafirmado día a día: la dictadura del coche en
nuestras ciudades.
La bicicleta incomoda, y mucho, como incomoda todo lo que no
llena los bolsillos de los de siempre, y de ahí todo esto, pero cuando alguien
piensa en los peligros de la ciudad, lo último en lo que piensa es en
bicicletas, así que no dejemos que nos conviertan en los malos, porque no lo
somos, ni lo hemos sido nunca.

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