lunes, 10 de marzo de 2014

RESULTA QUE LOS MALOS SOMOS NOSOTROS


Con el reciente (y ya no tan reciente) auge de la bicicleta en nuestras ciudades (en el caso de Valladolid, aún en sus inicios), estaba tardando mucho la sociedad en generar un rechazo indiscriminado al orden establecido, en este caso, el establecido en el tráfico y en la forma de moverse de los ciudadanos.

Los problemas de las ciudades españolas son muy numerosos, pero es curioso como destacan unos por encima de otros en función de los intereses que haya detrás. En el caso de la movilidad ciclista, este fenómeno está alcanzando su máxima expresión.

El otro día leía un artículo del Correo de Burgos, que Merche Martínez titulaba “Bicis sí, pero…”, toda una declaración de intenciones desde el principio, en el que no daba crédito al leer perlas como estas en lo que se supone un medio serio:

  • (Referido a los carriles bici) <<Espacio que, dicho sea de paso, en esta ciudad es una parte robada a la propia acera, en gran parte de los más de 50 kilómetros de su trazado que recorren la ciudad...>>
  • <<Así que menos exigencias, señores ciclistas>>
  • <<El problema está en creerse que la ciudad es sólo de algunos...>>

La obtusidad es un derecho fundamental, pero cuando te pagan por hablar (o en este caso escribir), debe dejarse a un lado. Hablar de que las bicicletas a través de los carriles bici han robado espacio de los peatones, en ciudades donde el 70% del espacio público se dedica al coche, es tratar a tus lectores como auténticos gilipollas. Los carriles bici no están ahí por gusto de los ciclistas, sino para no tener que tocar un solo milímetro del sagrado espacio del coche, porque si se toca, pasa lo que pasa, que en Burgos últimamente sabéis mucho de eso.

Pero por desgracia la problemática no queda solo en los carriles bici. Las protestas por la circulación de bicicletas en la acera son cada vez mayores, hasta el punto de tener que leer que ahora los peatones no pueden salir tranquilos a la calle, dando a entender que antes sí podían, curioso. La manipulación que se está llevando a cabo en los medios de comunicación ante este hecho maximiza si cabe la labor teológica de la industria automovilística en este país, en periódicos que tachan de violencia y temeridad a los ciclistas en los incidentes con peatones, pero que hablan de “accidentes” en coches con exceso de velocidad y alcohol de por medio, es la muestra de que estorbamos, y cada vez más, en los propósitos de muchos. Sirva como ejemplo el lamentable reportaje emitido por el programa “Entre Todos” ( http://www.rtve.es/alacarta/videos/entre-todos/vecinos-aviles-reclaman-ciclistas-circulen-aceras/2426080/ ), donde solo echo en falta alguna comparación entre los ciclistas y Al-Qaeda.

La respuesta es sencilla: LA ACERA, DE LOS PEATONES. SIN MÁS. Dicho esto, las bicis en las aceras, en general, son un problema puntual, si bien es cierto que hay que cortarlo a tiempo para que no crezca, pero es puntual. Lo que no es puntual es la realidad de las ciudades, la realidad de calles de 12 metros con 10 de calzada y 2 de acera, la realidad de un 90% de calles abiertas al tráfico, la realidad de un 20% del espacio urbano destinado a aparcamientos en superficie, la realidad de un tráfico VIOLENTO dentro de las ciudades, donde impera el estrés y las ganas de correr, y hacer tanto énfasis en esta problemática nos distrae de lo que sí es un problema real, asentado y reafirmado día a día: la dictadura del coche en nuestras ciudades. 

La bicicleta incomoda, y mucho, como incomoda todo lo que no llena los bolsillos de los de siempre, y de ahí todo esto, pero cuando alguien piensa en los peligros de la ciudad, lo último en lo que piensa es en bicicletas, así que no dejemos que nos conviertan en los malos, porque no lo somos, ni lo hemos sido nunca.


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