“El afán recaudatorio de la DGT
no tiene límites”. Si me diesen un euro cada vez que leo o escucho esto sería
millonario. Lo cierto es que la Dirección General de Tráfico no cuenta con la
simpatía de casi ningún conductor (por no decir ninguno), y a cada noticia
referida a ella escuchamos siempre la misma frase. ¿Por qué un organismo que, se supone, vela
por la seguridad de los conductores goza de tal antipatía entre ellos?
Analicemos algunas cuestiones:
- En España, se sancionan cerca de 11.000 infracciones diarias
- En los últimos 10 años, el número de fallecidos en la carretera se ha reducido en un 79% (de 5.399 en 2003 a 1.137 en 2013)
- Aun así, el volumen anual de accidentes con víctimas sigue estando en unos 80.000, en el 80% alguno de los conductores comete alguna infracción. El exceso de velocidad ocupa el 35% de estas infracciones
Con todo esto sobre la mesa, se
pueden sacar dos conclusiones: por un lado, sea de la manera que sea, la DGT
está consiguiendo su objetivo, y por otro, es evidente que aún queda mucho por
hacer, y que los datos no van a mejorar solos.
Entonces yo me pregunto, ¿es tan
malo que haya tanto control sobre los conductores? ¿Tan bien conducimos como
para defender que no necesitamos a nadie que nos controle? Yo tengo algo muy
claro, en este país las campañas y los datos no sirven de nada, sirve que te
toquen el bolsillo, eso es lo que están haciendo y les funciona. Pongamos un
ejemplo, un conductor que se salta un semáforo, y es multado por ello, ¿con qué
argumentos defiende que quienes le han multado solo buscan recaudar? ¿No
seremos quizá nosotros los que propiciemos ese supuesto “afán recaudatorio”?
Además, la DGT adaptando su “punto
de mira” conforme cambian los hábitos, y los ciclistas también nos estamos
convirtiendo en objetivo de normativas sancionadoras con la misma disyunción de
intenciones: seguridad o dinero; no olvidemos que la sombra del casco
obligatorio aún planea sobre nuestras ciudades, propuesta que cuenta con el
beneplácito de muchos, los mismos que se olvidan del rechazo que en un
principio supuso la obligación de llevar cinturón de seguridad, o incluso
medidas mucho más recientes como el descenso del límite de velocidad a 110 km/h
(que si bien no atendía a razones de seguridad, aunque sin quererlo las tenga, el
rechazo fue total).
Sinceramente, asumiendo ese afán
de recaudar, no existe nada que sea más sencillo de destruir, simplemente,
cumple las normas, seas conductor, motorista, ciclista o piloto de avioneta, verás cómo tu bolsillo lo agradece.

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