Hoy nos despertábamos con este titular: "El Ayuntamiento de Valladolid ve "razonable" limitar a 30 la velocidad máxima en zonas urbanas" (EuropaPress), pero bien, se reservan el derecho a esperar la actuación del estado para tomar una decisión.
Sumidos en un panorama desolador para los intereses de los ciclistas en esta ciudad, esta noticia puede ser un rayo de esperanza, algo que por otro lado es ya una realidad en muchas ciudades españolas. ¿Qué ocurre pues en Valladolid para que algo tan lógico (y barato) como tratar de pacificar el tráfico en el centro y en las zonas residenciales sea una empresa tan difícil de alcanzar? ¿Es una convicción o es simple miedo a perder votantes en una ciudad donde el coche sigue siendo una base principal y donde gusta, y mucho, lo de correr?
Calles tan céntricas como estas (Fray Luis de León, Regalado y Cánovas del Castillo), de un solo carril y con numerosos pasos de peatones, actualmente limitadas a 50 km/h
Pongámonos en situación, prácticamente la totalidad de la zona centro está abierta al tráfico y cuenta con un régimen abierto de aparcamiento en superficie (regido por O.R.A., eso sí), apenas hay zonas peatonales y las que hay están interrumpidas permanentemente por cruces y calles abiertas al tráfico, a lo que se suma un prácticamente nulo número de calles con regulación específica de velocidad (solamente Claudio Moyano que se limita a 25 km/h).
Además de esto, el Ayuntamiento planteará la redacción de una normativa de uso de la bicicleta, sin entrar a valorar tampoco cuáles serán sus líneas a seguir.
Me gustaría poder decir que simplemente queda mucho camino por recorrer, pero por lo pronto solo podemos esperar a que el camino comience.

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