Con motivo del IV Ciclo de Conferencias Ciudad Sostenible, organizado por la Asociación Cultural Ciudad Sostenible, asistimos ayer a la conferencia: "La ciudad a pie, experiencias de una asociación de viandantes", impartida por Cesar Caparrós, de la asociación madrileña A Pie; en mi caso una excelente manera de seguir profundizando en el conocimiento del incomprensible e insostenible dominio automovilístico de nuestro espacio público, desde otro punto de vista lejos (no demasiado) de la movilidad ciclista.
El caso de Valladolid (ni ningún otro en España seguramente) sea comparable a la vorágine automovilística de nuestra Villa y Corte, pero en estas lides Madrid nunca ha de ser ejemplo de nada, mucho menos de visión a pie de acera, y debemos pensar en global y actuar en local, para poder ir paliando la indignante situación que hemos alcanzado en nuestras ciudades, en nuestros barrios, en nuestras calles.
La entrega de las llaves de la ciudad al vehículo privado no es un simple problema de gestión del tráfico, como nos quieren hacer ver, ni de civismo, ni de actuaciones personales, es un problema plenamente casuístico. Nace de una serie de políticas totalmente vendidas a los intereses de unos cuantos lobbies, que bien hacen su trabajo en las administraciones públicas, pero mejor lo hacen día a día en cada una de nuestras mentes y nuestras preferencias, haciéndonos ver que todo este elenco de despropósitos sociales no es más que el simple "progreso" que ha llegado a nuestra noble nación. No señores, el dereho a caminar, y a hacerlo de forma digna no es un paradigma pasado, ni es una cuestión electoral, es el más sagrado de los derechos en materia de movilidad; nada ni nadie debe vulnerar ese derecho, ni las administraciones, ni los conductores, ni los cilistas, ni mucho menos cuatro iluminados de la industria automovilística.
Las "personas" hemos sido convertidas en "viandantes", después en "peatones", hasta llegar a ser lo que somos ahora, "vehículos", obligados a comportarnos como medios de transporte a los márgenes del coche, el rey de la ciudad, a realizar cambios de sentido para cruzar la acera, a esperar durante minutos a que el tráfico "nos brinde" unos segundos de paso, encasillados en espacios donde además de movernos tenemos que esquivar todo lo que le sobra al resto de la ciudad.
El caso de Valladolid (ni ningún otro en España seguramente) sea comparable a la vorágine automovilística de nuestra Villa y Corte, pero en estas lides Madrid nunca ha de ser ejemplo de nada, mucho menos de visión a pie de acera, y debemos pensar en global y actuar en local, para poder ir paliando la indignante situación que hemos alcanzado en nuestras ciudades, en nuestros barrios, en nuestras calles.
La entrega de las llaves de la ciudad al vehículo privado no es un simple problema de gestión del tráfico, como nos quieren hacer ver, ni de civismo, ni de actuaciones personales, es un problema plenamente casuístico. Nace de una serie de políticas totalmente vendidas a los intereses de unos cuantos lobbies, que bien hacen su trabajo en las administraciones públicas, pero mejor lo hacen día a día en cada una de nuestras mentes y nuestras preferencias, haciéndonos ver que todo este elenco de despropósitos sociales no es más que el simple "progreso" que ha llegado a nuestra noble nación. No señores, el dereho a caminar, y a hacerlo de forma digna no es un paradigma pasado, ni es una cuestión electoral, es el más sagrado de los derechos en materia de movilidad; nada ni nadie debe vulnerar ese derecho, ni las administraciones, ni los conductores, ni los cilistas, ni mucho menos cuatro iluminados de la industria automovilística.
Las "personas" hemos sido convertidas en "viandantes", después en "peatones", hasta llegar a ser lo que somos ahora, "vehículos", obligados a comportarnos como medios de transporte a los márgenes del coche, el rey de la ciudad, a realizar cambios de sentido para cruzar la acera, a esperar durante minutos a que el tráfico "nos brinde" unos segundos de paso, encasillados en espacios donde además de movernos tenemos que esquivar todo lo que le sobra al resto de la ciudad.
No queremos circular, queremos CAMINAR
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